HIPNOSIS BARCELONA

Psique y Soma en Hipnosis

Los cambios Psíquicos durante el trance hipnótico, afectan más a la voluntad que a la conciencia y van estrechamente ligados al grado de profundidad alcanzado por el sujeto

Por lo general el sujeto, conserva una vez establecido el estado hipnótico, su capacidad crítica, y una cierta operativa mental que va diluyéndose conforme aumenta la profundidad del trance.

Por este motivo muchos sujetos manifiestan al salir del trance sus dudas respecto al hecho de haber estado hipnotizados.

En cualquier caso, se establece en el sujeto una especie de contradicción psíquica ya que por un lado su consciente trata de racionalizar el proceso pero se ve confundido por la facilidad con que son aceptadas las sugestiones del operador.

Estos intentos de comprensión del proceso provocan en la persona hipnotizada reacciones como movimientos voluntarios provocados por la necesidad de comprobar el control que ejerce sobre si mismo o sonrisas ante la incapacidad de acabar de comprender totalmente lo que esta ocurriendo.

Tales manifestaciones, no deben confundir al experimentador principiante, pues suelen darse con relativa frecuencia entre la población.
En las fases más leves de profundidad el sujeto va perdiendo gradualmente la relación consciente con el entorno, se da cuenta de todo lo que ocurre a su alrededor pero sin embargo se mantiene con los ojos cerrados e inmóvil.

La reducción de la información sensorial que implica el estado hipnótico, hace que la mente se centre exclusivamente en las sensaciones corporales.

Estas siempre están presentes, pero en el estado de vigilia se ven «apartadas» de la conciencia debido a la gran cantidad de información sensorial que constantemente recibimos y cuando nuestro cerebro se ve privado de estímulos externos, vuelca su atención hacia las sensaciones que provienen de nuestro interior.

Internamente, el sujeto, experimenta una dificultad progresiva en la valoración consciente de los acontecimientos, la carencia de la facultad de atención necesaria va entorpeciendo el proceso de raciocinio.

Muchos sujetos que alcanzan tan sólo niveles poco profundos de trance, dudan del hecho de haber estado hipnotizados, precisamente por haber conservado la consciencia a lo largo de toda la experiencia.

Creen que en cualquier momento hubieran podido abrir los ojos y salir del trance, pero el hecho cierto es que no lo hacen, ni tan siquiera se lo plantean, y si lo intentan pronto se dan cuenta de lo infructuoso del esfuerzo.

Hasta ese momento han creído mantener el control, el íntimo descubrimiento de que no es así, los lleva, por lo general, a una rápida profundización de su estado.

Gradualmente, mientras la profundización avanza, las impresiones que recibe desde el exterior no son capaces de desencadenar el proceso psico-fisiológico origen de los procesos conscientes, la atención pues se concentra, focalizandose en aspectos muy específicos y aunque en muchas ocasiones, bajo estado hipnótico, todos los sentidos mejoran su rendimiento espectacularmente, estos mensajes sensoriales no se transforman en representaciones conscientes.

Este podría ser el origen de la amnesia espontanea que en ocasiones se manifiesta al salir del trance.

En general el sujeto permanece indiferente a los estímulos del ambiente, como si estos nunca alcanzasen el mínimo requerido para ser valorados por sus funciones conscientes, tan sólo las palabras del hipnólogo forman imágenes en su consciencia en tanto su voluntad se muestra cada vez más retraída pudiendo llegar incluso a desaparecer.

También empieza a aceptar de un modo natural y sin cuestionar nada cualquier tipo de sugestión de un modo complaciente. En ocasiones, si el hipnólogo le da instrucciones para que mantenga su atención fija en un punto entre sus dos cejas durante un cierto tiempo, el sujeto puede llegar a experimentar una especie de cambio perceptivo que le permite tomar conciencia de la profundidad de su trance.

Este estado, al que acceden de manera habitual los practicantes avanzados de la autohipnosis o de la meditación consiste en el reconocimiento o toma de conciencia de un cambio de percepción de las funciones de los procesos mentales. Una sensación de «claridad» que parece generar una metamorfosis total de la mecánica mental, respecto al estado de vigilia o a cualquier otro que el sujeto reconozca. Es un momento de gran emotividad que conduce generalmente a una mayor profundidad de estado y a un gran aumento de la sugestibilidad.

Si no se presenta amnesia al finalizar el trance el sujeto recuerda dicho cambio mental como una experiencia única y generalmente muy satisfactoria.

En estas líneas se trata de describir experiencias cuya comprensión total es absolutamente subjetiva de forma que como es natural no todos los sujetos las experimentan del mismo modo, sin embargo durante el transcurso del estado hipnótico pueden surgir en muchas ocasiones, experiencias más o menos comunes como la relatada anteriormente, que son una importante fuente de conocimiento para el hipnólogo.

Esas experiencias comunes con las que se encuentran la mayoría de las personas en trance hipnótico, son en si similares en su desarrollo pero la intensidad y exactitud difieren de un sujeto a otro.

De un modo gradual, la voluntad del sujeto se transfiere al hipnólogo, especifica y únicamente al hipnólogo para ser exactos, el alto estado de sugestibilidad y la ausencia de contrasugestión, permite que cualquier sugerencia insinuada por este, influya de un modo inmediato en el sujeto.

De esta forma se puede modificar el sentido espacio-temporal, crear alucinaciones de carácter positivo o negativo, modificar en exceso o en defecto, la memoria y la concentración mental y generar profundas disociaciones o escisiones en la personalidad del sujeto anulando parte de sus funciones mentales y potenciando otras mediante la concentración de la sugestión en un foco de atención restringido.

En cualquier caso el sujeto hipnotizado, al que no se dirige mediante un proceso sugestivo, permanece pasivo hasta que su estado se transforma en un sueño fisiológico natural y despierta a los pocos minutos, es decir el estado hipnótico por si mismo no genera esos cambios si no es a través de los mecanismos de la sugestión.

También es notable la capacidad que manifiesta el hipnotizado para acceder a esa especie de memoria fotográfica de nuestro subconsciente, en ocasiones personas en trance profundo empiezan a manifestarse en lenguas desconocidas que jamás estudiaron, quizás recordando un texto o la letra de una canción que alguna vez en algún lugar de su pasado escucharon sin siquiera prestarle atención consciente.

En determinados estados tales como los resultantes de experiencias regresivas, los sujetos manifiestan variaciones de personalidad, ajustándose esta a la propia de la edad que reviven. Personas llevadas mediante regresión hipnótica a diferentes períodos de su pasado, muestran alteraciones de su escritura, comportamiento y ideología acordes a la época rememorada.

La amnesia que se produce habitualmente en los grados profundos, impide en muchas ocasiones que el sujeto tenga una idea clara de lo ocurrido durante el trance, en general, interrogado al respecto ofrece tan sólo unas confusas impresiones, vagos recuerdos que al igual que los sueños se desvanecen al transcurrir los minutos desde su salida del trance, otros aseguran recordarlo todo pero son incapaces de llevar una relación cronológica de las experiencias vividas y generalmente omiten muchas de ellas, sin embargo al restablecer el trance hipnótico, regresa a su memoria de nuevo lo acontecido en trances anteriores.

Finalmente diremos que el hipnólogo puede, mediante sugestión, hacer recordar o eliminar de forma permanente de la memoria del sujeto, las experiencias originadas durante la hipnosis.

MODIFICACIONES SOMÁTICAS EN EL HIPNOTIZADO

Paralelamente a los variados cambios psíquicos que se observan en el estado hipnótico, se producen otros no menos interesantes en lo que se refiere a la fisiología del sujeto.

Entre ellos podemos destacar los que atañen a los sentidos, en grados profundos y especialmente en estados sonambúlicos se advierte una hiperestesia sensorial fuera de lo común.

Un hipnotizado en trance profundo es capaz de oír y entender una conversación mantenida en susurros a más de siete metros de distancia incluso en otra habitación, la sensibilidad olfativa también aumenta notablemente, ya en grados leves, el humo del tabaco o cualquier otro tipo de olor desagradable resulta mucho más molesto al sujeto que lo que le resultaría en vigilia, pero un individuo en trance sonambúlico, puede reconocer el olor de un frasco de perfume abierto tan sólo un instante a varios metros de distancia.

El Dr. Taguet relata una experiencia con una joven que en estado sonambúlico y con los ojos cerrados era capaz de devolver una serie de objetos a sus propietarios simplemente olfateando los objetos y a los dueños de los mismos.

También resultan asombrosas las modificaciones en el sentido de la vista, algunos sujetos son capaces de ver perfectamente con los párpados cerrados, otros en estado sonambulico manifiestan un agudización de su visión, siendo capaces de ver a la perfección detalles de objetos que en estado de vigilia se mostrarían invisibles a sus ojos.

Mediante la utilización de la sugestión pueden afectarse por exceso y por defecto e incluso llevar a la inhibición completa, todos los mecanismos sensoriales del sujeto hasta limites que pueden parecer incluso imposibles.

Resultados tan increíbles como hacer ver al sujeto algo que no existe, o todo lo contrario, ignorar algo evidente que tiene ante si. En la fenomenología alucinatoria de la hipnosis, es natural ver o escuchar imágenes y sonidos inexistentes, experimentando las mismas alteraciones en las lecturas del electroencefalógrafo que experimentarían ante la presencia real de dichas impresiones.

Durante el transcurso del trance, no se manifiestan alteraciones en el ritmo cardíaco ni en el sistema circulatorio, pero con la intervención de la sugestión , es posible alterar en ambos sentidos tanto el latido cardíaco como la presión arterial.

Es notable la vasoconstricción que se manifiesta espontáneamente, la contracción de los capilares sanguíneos impide que se presenten hemorragias, esta peculiaridad ha sido bien aprovechada por algunos hipnotizadores de espectáculo que en estado hipnótico son capaces de atravesar partes de su cuerpo con largas agujas sin sangrar apenas y no manifestando dolor alguno, ante los horrorizados ojos del público asistente

En estado hipnótico se puede controlar la irrigación sanguínea en zonas especificas del cuerpo, provocando la vasodilatación y la vasoconstricción del sistema circulatorio, experimentaciones recientes demuestran la posibilidad de regular secreciones orgánicas como los jugos gástricos, la insulina y la adrenalina.

El control de la mente sobre el organismo parece no tener fin en ese estado tan particular que es el trance hipnótico, a través de la sugestión, puede crearse dolor físico en el sujeto y también por supuesto, moderarlo e incluso eliminarlo por completo, ya que los sujetos inmersos en el trance hipnótico pueden experimentar una analgesia espontanea, que convenientemente reforzada mediante la sugestión, puede desembocar en una anestesia tan completa y más natural que las provocadas utilizando compuestos químicos. En innumerables ocasiones, se han realizado operaciones quirúrgicas, utilizando exclusivamente anestesia hipnótica con excelentes resultados.

El control hipnótico permite aumentar, disminuir e incluso inhibir totalmente cualquier tipo de actividad muscular, de manera que se consiguen con facilidad efectos de parálisis de grandes y pequeños grupos musculares.

Los músculos pueden ser inmovilizados de forma rígida o flácida y efectos musculares como espasmos, catalepsia, movimientos automáticos, temblores, etc., así como la consecución de un aumento notable de la fuerza muscular del sujeto durante períodos breves de tiempo, pueden ser provocados o anulados simplemente mediante sugestión.
Es posible que en un futuro no muy lejano se pueda ejercer un control sugestivo sobre muchas más funciones orgánicas que en la actualidad, dado que en teoría el cerebro es el órgano que las controla todas.

Pedro Alcaraz