Modificaciones Psíquicas en el hipnotizado

Los cambios Psíquicos durante el trance hipnótico, afectan más a la voluntad que a la conciencia y van estrechamente ligados al grado de profundidad alcanzado por el sujeto.

Por lo general el sujeto, conserva una vez establecido el estado hipnótico, su capacidad crítica, y una cierta operativa mental que va diluyéndose conforme aumenta la profundidad del trance. Por este motivo muchos sujetos manifiestan al salir del trance sus dudas respecto al hecho de haber estado hipnotizados. En cualquier caso, se establece en el sujeto una especie de contradicción psíquica ya que por un lado su consciente trata de racionalizar el proceso pero se ve confundido por la facilidad con que son aceptadas las sugestiones del operador.

Estos intentos de comprensión del proceso provocan en la persona hipnotizada reacciones como movimientos voluntarios provocados por la necesidad de comprobar el control que ejerce sobre si mismo o sonrisas ante la incapacidad de acabar de comprender totalmente lo que esta ocurriendo.

Tales manifestaciones, no deben confundir al experimentador principiante, pues suelen darse con relativa frecuencia entre la población.

En las fases más leves de profundidad el sujeto va perdiendo gradualmente la relación consciente con el entorno, se da cuenta de todo lo que ocurre a su alrededor pero sin embargo se mantiene con los ojos cerrados e inmóvil. La reducción de la información sensorial que implica el estado hipnótico, hace que la mente se centre exclusivamente en las sensaciones corporales.

Estas siempre están presentes, pero en el estado de vigilia se ven «apartadas» de la conciencia debido a la gran cantidad de información sensorial que constantemente recibimos y cuando nuestro cerebro se ve privado de estímulos externos, vuelca su atención hacia las sensaciones que provienen de nuestro interior.

Internamente, el sujeto, experimenta una dificultad progresiva en la valoración consciente de los acontecimientos, la carencia de la facultad de atención necesaria va entorpeciendo el proceso de raciocinio.

Muchos sujetos que alcanzan tan sólo niveles poco profundos de trance, dudan del hecho de haber estado hipnotizados, precisamente por haber conservado la consciencia a lo largo de toda la experiencia.

Creen que en cualquier momento hubieran podido abrir los ojos y salir del trance, pero el hecho cierto es que no lo hacen, ni tan siquiera se lo plantean, y si lo intentan pronto se dan cuenta de lo infructuoso del esfuerzo. Hasta ese momento han creído mantener el control, el íntimo descubrimiento de que no es así, los lleva, por lo general, a una rápida profundización de su estado.

Gradualmente, mientras la profundización avanza, las impresiones que recibe desde el exterior no son capaces de desencadenar el proceso psico-fisiológico origen de los procesos conscientes, la atención pues se concentra, focalizandose en aspectos muy específicos y aunque en muchas ocasiones, bajo estado hipnótico, todos los sentidos mejoran su rendimiento espectacularmente, estos mensajes sensoriales no se transforman en representaciones conscientes. Este podría ser el origen de la amnesia espontanea que en ocasiones se manifiesta al salir del trance.

En general el sujeto permanece indiferente a los estímulos del ambiente, como si estos nunca alcanzasen el mínimo requerido para ser valorados por sus funciones conscientes, tan sólo las palabras del hipnólogo forman imágenes en su consciencia en tanto su voluntad se muestra cada vez más retraída pudiendo llegar incluso a desaparecer.

También empieza a aceptar de un modo natural y sin cuestionar nada cualquier tipo de sugestión de un modo complaciente. En ocasiones, si el hipnólogo le da instrucciones para que mantenga su atención fija en un punto entre sus dos cejas durante un cierto tiempo, el sujeto puede llegar a experimentar una especie de cambio perceptivo que le permite tomar conciencia de la profundidad de su trance

Este estado, al que acceden de manera habitual los practicantes avanzados de la auto-hipnosis o de la meditación consiste en el reconocimiento o toma de conciencia de un cambio de percepción de las funciones de los procesos mentales. Una sensación de «claridad» que parece generar una metamorfosis total de la mecánica mental, respecto al estado de vigilia o a cualquier otro que el sujeto reconozca.

Es un momento de gran emotividad que conduce generalmente a una mayor profundidad de estado y a un gran aumento de la sugestibilidad. Si no se presenta amnesia al finalizar el trance el sujeto recuerda dicho cambio mental como una experiencia única y generalmente muy satisfactoria.

En estas líneas se trata de describir experiencias cuya comprensión total es absolutamente subjetiva de forma que como es natural no todos los sujetos las experimentan del mismo modo, sin embargo durante el transcurso del estado hipnótico pueden surgir en muchas ocasiones, experiencias más o menos comunes como la relatada anteriormente, que son una importante fuente de conocimiento para el hipnólogo.

Esas experiencias comunes con las que se encuentran la mayoría de las personas en trance hipnótico, son en si similares en su desarrollo pero la intensidad y exactitud difieren de un sujeto a otro.

De un modo gradual, la voluntad del sujeto se transfiere al hipnólogo, especifica y únicamente al hipnólogo para ser exactos, el alto estado de sugestibilidad y la ausencia de contrasugestión, permite que cualquier sugerencia insinuada por este, influya de un modo inmediato en el sujeto.

De esta forma se puede modificar el sentido espacio-temporal, crear alucinaciones de carácter positivo o negativo, modificar en exceso o en defecto, la memoria y la concentración mental y generar profundas disociaciones o escisiones en la personalidad del sujeto anulando parte de sus funciones mentales y potenciando otras mediante la concentración de la sugestión en un foco de atención restringido.

En cualquier caso el sujeto hipnotizado, al que no se dirige mediante un proceso sugestivo, permanece pasivo hasta que su estado se transforma en un sueño fisiológico natural y despierta a los pocos minutos, es decir el estado hipnótico por si mismo no genera esos cambios si no es a través de los mecanismos de la sugestión.

También es notable la capacidad que manifiesta el hipnotizado para acceder a esa especie de memoria fotográfica de nuestro subconsciente, en ocasiones personas en trance profundo empiezan a manifestarse en lenguas desconocidas que jamás estudiaron, quizás recordando un texto o la letra de una canción que alguna vez en algún lugar de su pasado escucharon sin siquiera prestarle atención consciente.

En determinados estados tales como los resultantes de experiencias regresivas, los sujetos manifiestan variaciones de personalidad, ajustándose esta a la propia de la edad que reviven. Personas llevadas mediante regresión hipnótica a diferentes períodos de su pasado, muestran alteraciones de su escritura, comportamiento y ideología acordes a la época rememorada.

La amnesia que se produce habitualmente en los grados profundos, impide en muchas ocasiones que el sujeto tenga una idea clara de lo ocurrido durante el trance, en general, interrogado al respecto ofrece tan sólo unas confusas impresiones, vagos recuerdos que al igual que los sueños se desvanecen al transcurrir los minutos desde su salida del trance, otros aseguran recordarlo todo pero son incapaces de llevar una relación cronológica de las experiencias vividas y generalmente omiten muchas de ellas, sin embargo al restablecer el trance hipnótico, regresa a su memoria de nuevo lo acontecido en trances anteriores.

Finalmente diremos que el hipnólogo puede, mediante sugestión, hacer recordar o eliminar de forma permanente de la memoria del sujeto, las experiencias originadas durante la hipnosis.

Pedro Alcaraz