Indicadores de profundidad en hipnosis

La identificación de signos externos indicadores de profundidad del trance en los sujetos, resulta compleja debido a la variedad en las respuestas individuales. No obstante existen algunos signos que se encuentran presentes de un modo más o menos regular en la mayoría de los sujetos, que pueden ofrecernos algunas señales orientativas para establecer un juicio sobre la profundidad de un trance.Uno de los síntomas que se observa con mayor rapidez, es el cambio en los patrones respiratorios del sujeto. Por lo general la respiración pasa de ser diafragmática a producirse abdominalmente. Se aminora la frecuencia respiratoria, en ocasiones hasta extremos de llegar a ser imperceptible por su lentitud. El proceso de aquietamiento respiratorio, puede considerarse como señal inequívoca de que el trance se encuentra en fase de profundización.

Como respuesta a la menor intensidad respiratoria, se produce también un significativo descenso de la frecuencia en el latido cardíaco y una aminoración en la circulación sanguínea general. Esta circunstancia se traduce por lo general en una notable palidez en el rostro del sujeto que es indicativa de trance pero también de relajación.

La relajación es otra de las características asociadas al trance hipnótico que nos ofrece algunas señales interesantes. Si el sujeto muestra signos de inamovilidad y total abandono muscular, especialmente en cuanto a descontrol muscular del cuello, que puede colgar hacia un lado u otro de manera totalmente flácida al igual que la mandíbula descolgada suelta y floja, podemos presumir que el sujeto ha alcanzado un considerable nivel de profundidad.

Algunos sujetos experimentan sensaciones de entumecimiento en las articulaciones y en los miembros, así como una notable pesadez por todo su cuerpo, característica de la relajación profunda. En contraposición también existen personas que experimentan todo lo contrario, es decir ligereza corporal, sensaciones más o menos intensas como de flotar. Estas características no son observables por el operador pero su conocimiento resulta útil ya que habitualmente los sujetos suelen comentarlas al finalizar la sesión, con lo que nos ofrecen pistas respecto a la profundidad que alcanzaron en su momento. Otra sensación de este tipo que no se manifiesta externamente y que causa gran extrañeza en el sujeto que la experimenta por primera vez, es la impresión que se tiene durante el trance, de no saber exactamente en que posición se encuentran sus miembros, por lo general esta sensación conduce directamente a una profundización del trance.

Durante el trance hipnótico, también se observa una simetría facial inusual en el sujeto en estado de vigilia, inicialmente la asimetría aumenta en las fases de inducción, más tarde conforme el trance avanza, la asimetría, deja paso a una homogeneidad de ambos lados del rostro, una especie de flacidez de los músculos de la cara, que se traduce en una expresión de beatitud en la cara del sujeto.

Los síntomas de catalepsia muscular, son según algunos autores señales que inauguran el acceso al segundo grado de trance hipnótico, pero no debemos olvidar que no todas las personas acceden a una catalepsia rígida completa, algunos sujetos tan sólo alcanzan un estado muscular de semirigidez conocido como catalepsia flácida, en que si bien el brazo o cualquier otro miembro del sujeto adquiere cierta dureza muscular, no es la suficiente como para que una vez extendido, este se mantenga en alto.

También en ocasiones puede acontecer una especie de estado catatónico parcial en el sujeto, en que algunos músculos de su cuerpo exhiben una tensión espontanea. Si esta tensión afecta a las piernas, estas se muestran extrañamente estiradas y tensionadas, si, como suele ser más frecuente, afecta a las manos estas adoptan un aspecto similar a unas garras. Este signo, no muy habitual, suele ser indicador de que el sujeto ha alcanzado un segundo grado de hipnosis.

Otros signos que pueden ayudarnos a establecer la profundidad alcanzada por el sujeto nos los ofrece la observación de su comportamiento ocular durante el trance. Alguna de estas señales no son observables directamente pues , por lo general, la persona mantiene los ojos cerrados durante toda la sesión.

Cuando se observa en las primeras fases de la inducción, un temblor en los párpados, en ocasiones muy rápido, podemos estar casi seguros de estar en presencia de un sujeto que alcanzará fácilmente un profundo estado incluso en la primera sesión. Algunos autores indican que este temblor se mantiene tan sólo durante la entrada del sujeto en estado hipnótico, para desaparecer en pocos segundos, pero lo cierto es que habitualmente el temblor se mantiene, salvo sugestión en contra, durante toda la sesión, provocando en ocasiones molestias en los pequeños músculos de los párpados de la persona que se manifiestan durante algunos minutos después de haber finalizado el trance.

No debemos confundir este movimiento similar a un pestañeo rápido, con el que se manifiesta cuando se observa el movimiento de la pupila bajo el párpado, este último es indicativo de que el sujeto se encuentra visualizando y puede interpretarse como que el sujeto ha asumido un nivel ligero de trance, pero no es forzosamente un indicador de alta sensibilidad a la hipnosis.

Los ojos en blanco, suelen indicar trance muy profundo, la revulsión ocular provocada por el giro casi completo de los globos oculares, hace que en ocasiones el sujeto abra levemente sus párpados pudiéndose observar con facilidad este signo indicador. Sin embargo no es fácilmente observable, el fenómeno de dilatación pupilar que experimentan la mayoría de las personas en trance y que también es un buen indicador de grado en el sujeto.

Extendiéndonos en los aspectos sensoriales del trance, resulta útil conocer el hecho de la notable mejora de la audición de todos los sujetos bajo trance hipnótico. Esta mejora, es debida a que el lado menos predominante del sistema auditivo, se equipara en eficacia al lado de mayor receptividad, el izquierdo en los sujetos diestros y el derecho en los zurdos.

Otros signos no accesibles a la observación directa, son la caída de la resistencia eléctrica superficial de la piel, que disminuye aproximadamente en un veinte por ciento. La disminución de la frecuencia de ondas cerebrales que se sitúa en la franja de Alpha-Theta y que es posible controlar mediante un aparato de biofedback, y la incapacidad del sujeto para determinar con seguridad la duración de la sesión, a causa de la distorsión espacio-temporal que se experimenta bajo trance hipnótico. Esta ultimo signo es susceptible de control si se interroga al sujeto con posterioridad a la sesión.

Cuando nos encontramos con que al sugerir al sujeto la realización de una tarea psico-imaginativa, por ejemplo el descender mentalmente una escalera, acompaña su proceso mental con movimientos leves de los pies en tanto va pisando peldaños en su mente, podemos determinar casi con toda seguridad que alcanzara estados de alta profundidad e incluso sonambúlicos.

Por último es interesante observar los movimientos inconscientes que realizan algunos sujetos sin percatarse prácticamente de ellos. Estos movimientos que por lo general se manifiestan en manos y pies, suelen ser de origen un tanto espasmódico y escapan del control voluntario del sujeto. Son indicadores de un trance mediano, aunque pueden manifestarse también cuando la persona se encuentra en un primer grado profundo.

Pedro Alcaraz