Inconsciente, el “yo” desconocido


Todos llevamos en nuestro interior, alguien a quien desconocemos, pero no nos asustemos, no se trata de ningún proceso de posesión, ni nadie que en principio desee perjudicarnos, se trata tan solo de ese “Yo” oculto, cuyas motivaciones y actos, no siempre se presentan ante nuestros planos conscientes y por tanto sencillamente NO existen para nosotros.

La conciencia, a pesar de toda su complejidad y la cantidad de recursos que requiere para ejecutarse, es simplemente un estado mental concreto en el que tenemos la capacidad de analizar, y tratar de comprender nuestra propia existencia y la relación con el entorno y lo que en el acontece. Es decir, ignoramos todo aquello de lo que no tenemos conciencia.
Puede creerse que nuestro consciente, es por tanto el responsable de la estructura de nuestra personalidad, sin embargo, quizás sorprenda saber, que este representa tan solo un pequeño pellizco de la totalidad de nuestra vida psíquica y es casi totalmente esclavo de las necesidades y demandas de ese “Yo” oculto, objeto de este pequeño articulo.
El verdadero motivador pues, de todos los aspectos de nuestro comportamiento es ese compañero encubierto, bautizado como Subconsciente a principios del siglo pasado.
Nuestro pensamiento es generado, en su mayor parte de forma subconsciente y tan solo su resultado final, por ejemplo el deseo de comer algo en concreto, se hace presente en nuestra conciencia, quedando oculta a nuestra comprensión las causas reales que desembocan en la sensación de desear comer determinado alimento.

En muchas ocasiones, la conciencia, en su interminable proceso de racionalizar absolutamente todo, justifica un impulso o un deseo mediante razones que no siempre se ajustan a la verdadera realidad.

La Subconsciencia es un enorme depósito de experiencias que se van acumulando desde el momento de nuestro nacimiento, y algunas de ellas incluso mucho antes. Ahí permanece firmemente grabada, nuestra historia y las consecuencias que extraemos de ella. También es el soporte de vida, como organizadora de innumerables tareas de control orgánico, que funcionan y se ejecutan sin la participación de la mente consciente. Recibe información de todas y cada una de nuestras células, tratando de remediar todos aquellos desequilibrios que puedan producirse y todo ello… al margen de nuestra voluntad consciente.

Controla sistemas como el metabólico y el inmunológico, respondiendo enérgicamente ante una invasión vírica o un cambio brusco de temperatura, reacciona, por ejemplo ante una deficiencia de azucares en nuestro organismo, impulsando el deseo de comer dulces y es entonces cuando lo hacemos creyendo haber elegido de un modo consciente ese acto.

Ajena a todo ese proceso, nuestra consciencia, se encuentra permanentemente ocupada, recibiendo informaciones del exterior a través de los sentidos y del interior desde el subconsciente. Analizando, valorando, comparando y extrayendo conclusiones que serán depositadas mas tarde en el subconsciente, enrfiqueciendo de algun modo el deposito de experiencias de este.

La conciencia solo puede realizar un acto en cada instante temporal, si todas las experiencias subconscientes, afluyeran repentinamente a ella, se veria desbordada y probablemente se colapsaría. Imaginese que todas las cosas que le han sucedido durante la vida, ocupasen su conciencia en el mismo instante de tiempo .. ¡Imposible!.. tan solo seria capaz de analizar un recuerdo tras otro en sucesión, pero el hecho de que no los recordemos todos mediante un acto voluntario, no significa que no estén ahí, esperando que alguna situación presente las haga surgir de lo mas profundo del archivo subconsciente, permitiéndonos afrontar la nueva situación con cierta ventaja.

Tambien la conciencia es de importancia vital para nuestra vida psíquica, como hemos mencionado anteriormente, analiza, compara y extrae conclusiones basándose en los sentidos y en los aportes subconscientes. Tal capacidad no es propia de la subconsciencia, todo lo que llega a su almacen de datos es admitido como cierto y genera de inmediato una acción.

Por tanto si careciésemos del filtro consciente todo seria dado por bueno , ya que nuestro compañero oculto carece de capacidad critica y valorativa. Por esa razón el trabajo consciente de ejercer control sobre todas aquellas informaciones que le llegan del exterior antes que se depositen en el subconsciente, resulta vital. En ocasiones la conciencia por algunas causas no logra verificar con certeza experiencias… y permite que información errónea se deposite en el subconsciente. Este seria el caso por ejemplo que pobrablemente se diera en el establecimiento de una fobia en una persona.

Una de las formas mas elevadas de conciencia, si es que se pueden categorizar, es la autoconciencia y accedemos a ella cuando tenemos la capacidad de enfocar de un modo absoluto, la atención a nuestro “yo” interior. La autoconciencia es básica pues nos otorhga el sentido de la individualidad y el reconocimiento de que nuestras acciones son solo nuestras. El reconocimniento de nuestra identidad, permanece estable permanece estable en el tiempo , porque estamos conectados a nuestra base de datos subconsciente y poseemos la capacidad de examinarla, proceso que conocemos como memoria.

La hipnosis o mas concretamente la autohipnosis como técnica, es quizás el medio mas practico del que disponemos para acceder a la comprensión de los contenidos de ese deposito subconsciente de un modo voluntario, logrando un nivel de autoconciencia elevado y una comprensión de nuestros deseos, motivaciones, virtudes y errores, asi como la del resto de seres humanos que componen nuestro entorno social.

Quizas exista aun un grado de conciencia mucho mas elevado que el reconocimiento de la individualidad, un grado de conciencia que justamente la disipa y la funde con todo un universo común , y que se experimenta frecuentemente cuando se alcanza algun estado extasico, pero hablaremos de esas ”otras conciencias” , cuando analizemos mas a fondo los estado alterados de conciencia.

Pedro Alcaraz

Articulo Originalmente Publicado el: 22 mayo 2008 en www.pedroalcaraz.net