Ancestros de la Hipnosis: Franz Anton Mesmer

Franz Anton Mesmer nacido en 1734 en Weil (Alemania), se doctora en medicina en la universidad de Viena en el año 1766.Su tesis doctoral, con el curioso título «De planetarium Influxu» (La influencia de los planetas), sostiene una vez más la existencia de un fluido etéreo que, procedente de los astros, impregna todos los cuerpos y que él denomina inicialmente «Fuerza Magnética» y posteriormente «Magnetismo animal».

Como vemos, las ideas de Mesmer no eran nuevas, en el pasado Plinio y diversos autores del siglo XV como Pomponacio, Paracelso, Ficino, Cardan, Gilbert, Van Helmont, Roberto Fludd o el mismo Anastasio Kircher, habían expuesto la teoría del fluido magnético, e incluso este último la había denominado de igual manera que Mesmer, «Magnetismo Animal», un siglo y medio antes que éste.

Si bien Mesmer se basaba en conceptos descritos con anterioridad, lo que sí puede atribuírsele era lo concerniente a la técnica con la que llevaba a la práctica dichas teorías: la Magnetización.

Un Jesuita llamado Maximiliano Hell, fundador del Observatorio Astronómico de Viena, le sugiere a Mesmer utilizar imanes en sus tratamientos «…Porque contienen y representan la fuerza de la gravitación que mantiene en equilibrio el Universo..».

En 1773, Mesmer empieza a realizar asombrosas curaciones mediante la aplicación del imán (Utilizaba por lo general planchas de hierro imantadas) alguna de ellas a personajes de relevancia de la época como la realizada sobre el profesor Osterwald, presidente de la Academia de Ciencias de Munich, a quien libró de la parálisis que le aquejaba durante años. La noticia de esta curación se extendió de tal modo que muy pronto Mesmer se vió desbordado por la ingente cantidad de personas que solicitaban sus métodos terapéuticos para combatir sus dolencias.

La creciente demanda de sus servicios, obliga a Mesmer a pensar una solución y a fin de poder atender al creciente número de enfermos inventa «La baquet». Este artilugio consistía en un recipiente de madera de grandes dimensiones con forma similar a un tonel, su interior estaba lleno de recipientes de agua previamente magnetizada, el espacio entre éstos se llenaba con agua, limaduras de hierro, vidrio molido, azufre, manganeso y otras diversas sustancias a las que Mesmer atribuía propiedades magnéticas. De la tapa de la cuba emergían unas varillas de hierro curvas y movibles que se unían a unos aros con los que los enfermos se rodeaban el cuerpo, los pacientes alrededor de la «baquet» se cogían de las manos entre sí formando una cadena.

Mesmer paseaba por la estancia en semipenumbra, provisto de una varilla de hierro con la que magnetizaba su cubeta y a los enfermos, tocándolos ligeramente con la vara en los hipocondrios, en la región epigástrica y en los miembros. En la estancia sonaba constantemente, acompañando su intenso trabajo sugestivo, la música de una orquesta, pues según Mesmer decía, el fluido magnético se propagaba a través del sonido.

Tras un período de tiempo variable junto a la «Baquet» algunos de los pacientes empezaban a mostrar estados convulsos y crisis nerviosas muy espectaculares en ocasiones, cuando ésto sucedía eran transportados a una sala llamada «Sala de las Crisis» donde les dejaba convulsionarse hasta que por sí mismos se calmasen.

Este proceso, que formaba parte de la terapia, era considerado muy saludable porque el enfermo se liberaba de sus principios mórbidos. Mesmer sostenía la existencia de polos magnéticos en los seres humanos que se veían afectados por el fluido magnético que llegaba a todas partes, sin ser necesario el concurso de la voluntad para ello.

Durante esos años su prestigio no cesa de aumentar, siendo el centro de atención y admiración de la alta sociedad Vienesa, pero su gran reputación empieza a despertar muchas envidias, especialmente entre la clase médica de Viena, que le reprocha su alejamiento de las enseñanzas tradicionales de la facultad de Medicina.

En 1776 se produce un cambio importante en la interpretación que el propio Mesmer había sostenido hasta entonces respecto al fluido magnético. Abandonando la idea de que el magnetismo procede de la piedra imán, empieza a sostener que el fluido emana directamente del propio ser humano.

Por esa época inaugura un sanatorio magnético, al que acuden gentes de todos los rincones de Europa, sus métodos terapéuticos han variado, ahora tan sólo utiliza sus manos al efectuar sus tratamientos y, probablemente muy influido por Gassner, empieza a sugerir que uno de los factores más importantes para la curación es la Fe. Su tratamiento solía consistir en colocarse con la espalda hacia el norte, frente a frente, ante el sujeto a magnetizar y mirándole fijamente a los ojos, iniciar una serie de imposiciones de manos sobre el cuerpo de éste.

Un año después, Mesmer es requerido por María Teresa Paradis, hija del secretario del emperador y ahijada de la emperatriz. Esta mujer, ciega desde los cuatro años de edad, había estado siendo tratada de su ceguera durante más de diez años por Von Stoerk, el mejor oculista de Viena.

Bastan unas pocas sesiones de magnetismo para que María Teresa recupere la vista (Se supone que se trataba de ceguera histérica), este hecho sienta francamente mal a Von Stoerk que junto a la clase médica, que anteriormente había mostrado su disgusto con Mesmer, empieza a intrigar y presionar a las altas esferas de Viena para que sea suspendido el tratamiento.

Finalmente, Von stoerk consigue la prohibición para que Mesmer prosiga sus trabajos con la ahijada de la Emperatriz, que a los pocos días vuelve a perder la vista. El oculista utiliza este hecho para humillar a Mesmer y su método, éste, desalentado, se ve obligado a cerrar el sanatorio y abandonar Viena dirigiéndose a París.

En esa ciudad, publica el texto titulado «Disertación sobre el descubrimiento del Magnetismo Animal», tratando que sus teorías sean aceptadas oficialmente por las Academias de Berlín y Viena.

Mesmer no es en esos momentos un hombre interesado por la fama o el dinero, cosas que ya posee, tan sólo desea que la ciencia reconozca su teoría.

Mientras insiste en sus pretensiones con la ciencia oficial de la época, continua su labor médica magnetizando a todo tipo de personas independientemente de su nivel social. Su popularidad sigue aumentando entre todos los estratos sociales de forma que finalmente el rey de Francia Luis XVI, se ve obligado a solicitar a la Academia de Ciencias de París que estudie el magnetismo con el propósito de llegar a conclusiones definitivas al respecto.

Se nombra un jurado científico, integrado, entre otros por personajes notables de la época, tales como Lavoisier, Franklin y Guillotin, que estudian los procedimientos mesmerianos durante un tiempo para finalmente publicar un informe en el que dicen: «Comprobado que el fluido magnético no puede ser reconocido por ninguno de nuestros sentidos y que no ejerce ninguna acción sobre ellos, ni sobre los enfermos que se someten al mismo; que la imaginación sin magnetismo determina convulsiones y el magnetismo sin imaginación no produce absolutamente nada, hemos considerado que no existen pruebas demostrativas del magnetismo animal». Un segundo informe de la comisión científica, emitido unos días después, aún le complicaba más las cosas al magnetismo: «Pensamos, que el pretendido magnetismo animal es un sistema antiguo, alabado en el siglo precedente y caído en el olvido; que dicho método carece absolutamente de pruebas; que los efectos producidos por este pretendido sistema de curación se deben a la imitación; que son más nocivos que útiles y que son dañosos en cuanto pueden hacer contraer a personas bien constituidas, un hábito espasmódico perjudicial para la salud».

Estas contundentes conclusiones apartaron definitivamente al magnetismo del camino de la ciencia y al mismo tiempo iniciaron el declive personal de Mesmer, que decepcionado y abatido inició un periplo por diferentes países de Europa. Durante los siguientes años, Mesmer recibió honores y reconocimientos de diversas academias europeas que antaño lo habían rechazado, incluso Francia le concedió una pensión oficial por su trabajo en pro de la humanidad y de la ciencia, pero todas esas muestras de aprobación jamás fueron suficientes para compensar el fracaso de sus teorías.

Mesmer demostró a lo largo de su vida una gran habilidad en el manejo de la sugestión y si bien es cierto que realizó gran número de curaciones difíciles de creer para su época, no lo es menos el hecho de que jamás estudió los fenómenos que ocasionaba en sus pacientes.


Franz Anton Mesmer murió en Meersburgo el 5 de Mayo de 1815.